
Ella electrocuta su cabellera al son de los temas perdidos del ayer, de esos altavoces ochentenos exportados de la lejana gringolandia.
Su rubio cabello escarminado, a pesar del todo y la nada en el mismo lugar impávido se mantendrá, es algo de lo que ella puede tener definitiva certeza; horas frente al espejo asegurarán su voluptuosa inmovilidad. Voluptuosa como toda ella, la maraña de cabellos sin duda la hacen espectacular.
Ella baila mientas escarmina sus cabellos, el roce del peine sube y baja al son de un ritmo bailable, de los pasos perdidos en el baile improvisado de un absoluto “no me importa el lugar”. Ella no siente que se vea mal, se siente increíblemente glam, portando un set de multicolores pastillas en su plush Chanel por si alguna vez las llegase a necesitar (siempre).
Su cabellera electrizante frente al espejo toma forma sin igual, exhorta en una necesidad hipnótica no se detiene hasta que ni uno quede sin enredar; surte el efecto y una verdadera medusa glam por las calles ella puede igualar, no le importan las miradas, son lo que necesita: no las dejará escapar.
Continua con el maquillaje: los polvos y labiales siempre de colores vivos, exorbitantes, electrizantes y de un punch fabuloso otorgan una cromatizaciòn explosiva y digna de celebrar, es como el show travesti carnabalezco estampado por completo en su cara, y como un jaguar, su mirada de un vistazo te puede fulminar.Un pálido tapiz cubre su cara, pareciese de otro mundo, la cuestión es que en el escaparate solo ahora se digno a presentar.
En una cobertura de tull, plush, látex o simple cuerina es fácil encontrarla envuelta, como extravagante caramelo a punto de estallar.
Rojo electrizante en labios y uñas suele llevar, es imposible encontrarla improvisada, así de diario, así de dominguera, asi taciturna, impensable; de fiesta siempre lucirá. Tacos aguja de sucia bailarina, siempre en punta de pies la veras caminar, luciendo charol negro, rojo, fucsia o de múltiples colores, su pies sobre una delgada y puntiaguda plataforma irremediablemente exhibirá. El sonido de sus pasos, al son del taco lujuriosamente sexy, es problemático y hasta tendencioso abandonar, en tu memoria queda inevitablemente prendido el sonido caliente a contra suelo de ese cochino Tic-tac.
Con paso rítmicos y bailables ella suele deambular, no deja huellas en el suelo, como si flotase, se transporta escoltada por ineludibles miradas que aliñan su pasar.
Viernes y sábados a las once en punto saliendo de su casa se le puede divisar, cerrando la reja de su casa, mirada en alto, como toda la lujuria en cada una de sus prendas se lanza a caminar. Son tres cuadras hasta el tren-vía, un número incontable de metros donde sus pasos dan palabras de asombro y envidia a los que se lanzan a hablar. A ella poco le importa, lo único fijo en sus deseos es llegar a la disco e inevitablemente, como todas las noches, comenzar a bailar.
El metro lo alcanza a eso de las once treinta, no hay muchos cerca, no muchos que a esas horas vislumbren su exótico y movido caminar, esa presencia áurea de “rara avis” la acompaña hasta el final.
Su grupo de amigos en la esquina de nocturno sucucho siempre a la esperá, su llegada aguardan hasta el final; fieles perros adiestrados que en la penumbra de las eléctricas noches han aprendido la inseparable pareja entre el amar y el bailar.
Voluptuosos pasos de baile caracterizan a su majestad, reina del escandalo,bocas abiertas en pasmo y estupefacción: “es imposible que sea tan regia”-comentan-, mientras con sus vociferaciones se unen a tal conmoción.
Terminado el bailoteo transita con meta fija entre la multitud otoñal, se dirige hacia el baño, seguramente abriría alguna capsula, e inhalando su contenido la felicidad plástica -como ella- conocerá. Pasados cinco minutos sus trancos se aquietan, los labios se cierran y ya no hay en su rostro más sonrisas para regalar, y no le importa toparse con algún conocido (que de seguro se le pegará; tersa figura de papel atrapamoscas, ni la envidia deja pasar); ella anda en otra, déjenla solita sola, solo eso, quiere únicamente bailar. Es difícil que comparta sus medicinas, capsulas multicolor que a pocos a dado a probar, las guarda en un pastillero forrado de felpudo leopardo, todo vale a la hora de hacerlo más “glam”. Nadie hay que sepa si las compra o hace, es un regalo o quizás quien diablos su procedencia sepa explicar, la verdad es que ni siquiera yo alguna respuesta para aventurar su procedencia me atrevo a presagiar.
En medio del genterío, entre altos y bajos, se le ve transitar, avanza de grupo en grupo, riendo, fumando, bebiendo o solo saludando, es una chica popular y no lo puede evitar.
Transcurridas las eternas horas de una noche sideral, la música enmudece y es hora de que cada criatura, por sus medios y disposición, a su escondrijo sepa regresar, no importa la hora y el estado, los minutos para ella no pasan en vano, para ella la noche es infinita y hará todo- hasta lo impensado- para su rumeada duración prolongar. No faltará quien se haya ganado su presencia y más diversión le pueda proporcionar, las noches son eternas para ella, y solo respira de día para que con el ocaso, la noche tome su lugar.
2 comentarios:
Todos tenemos algo de aquella chica, en algunos pasajes me sentí identificado. besos.-
esa chica somos nosotros
sumergidos en la discoteque..solo hay una diferencia..somos unos 2 años mas viejos que el glam
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