lunes, 21 de julio de 2008

Aproximación a una interpretación simbólica de un acontecimiento quínico: "invalidar la moneda en curso"(1)


-“yo soy Alejandro Magno”
a lo que el filósofo contestó:
-“y yo, Diógenes el cínico”
Alejandro entonces le preguntó de qué modo podía servirle. El filósofo replicó:
-¿puedes apartarte para no quitarme la luz del sol? No necesito nada más.



Sin duda los hechos y la acción en si contienen el pensamiento y la Filosofía de una de las escuelas que con derecho podría bautizarse como contestataria e irreverente; la escuálida presencia de un verdadero mendigo, mal vestido y posiblemente fétido de irreverencia frente a la magna presencia de uno de los más grandes conquistadores, iniciador del periodo helenístico en la Grecia antigua, discípulo de Aristóteles, figura iconográfica y simbólica de la mentalidad y el pensamiento occidental hasta la actualidad. Una confrontación que deja en claro ambas posiciones frente al mundo, en un hecho de importe poético y simbólico, que en aspectos superficiales solo nos muestra la consistencia y asidero ideológico de Diógenes en sus propias acciones; algo que común y cotidianamente llamaríamos una persona sincera o simplemente, “sin pelos en la lengua”, pero que a mi parecer esconde alguno que otro hecho significativo, que por medio de estas líneas trataré de sacar a la luz.

Veo fundamentalmente en el hecho narrado algo que no puede ser pasado por alto: la figura imponente de Alejandro Magno, un conquistador acérrimo, exitoso unificador y expansor de las fronteras de la antigua Grecia, bajo cuya dirección sucumbieron numerosos pueblos e imperios, de excelencia y autoridad magnánima, haciéndole sombra al cínico Diógenes, quien exhorto en el ocio de su actitud irreverente y despreocupada , echado en algún rincón de Grecia se topó con senda figura, a quien esquivó y rechazó en un acto simbólico-filosófico. Me es totalmente difícil pensar que Diógenes solo dirigiera esas palabras por su característica franquedad teñida de ironía, e inimaginable el hecho de que solo mostrase tal comportamiento por la necesidad de unos pocos rayos de sol que entibiasen su entumecida humanidad; simplemente me resisto a pensarlo solo de tal simple y aburrida forma.

Me es imprescindible el hecho de hacerles notar la cuestión de la figura de Alejandro haciendo sombra a Diógenes, lo cual simbólicamente puede interpretarse de dos formas claramente reconocibles y para muchos indudables: 1) cuando alguien afirma “tal persona creció a la sombra de su abuelo”, donde el hecho de dar sombra habla de un cierto legado, de una influencia notoria y a la vez sublime, que en este sentido puede ser entendido como una cierta herencia, cuya presencia encontramos en el ser de quien a sido “ensombrecido” por decirlo de alguna manera. 2) la segunda forma de interpretar, de un modo un tanto mas radical; cuando alguien ensombrece a otro con su presencia, opacándolo en su ser, imponiendo el suyo por sobre el del otro, a veces entendido como una presencia siniestra que nos nubla la visión y percepción de quien está siendo ensombrecido. A mi parecer, y creo, a parecer de la mayoría de quienes pueden intelegir y posteriormente interpretar de forma conciente en busca de significaciones simbólicas el hecho de “dar sombra a otro”, estas dos son la dos posibles interpretaciones a las cuales recurrirían en su búsqueda y planteamientos, tomándolas como posibilidades.Claramente en el caso de este acontecimiento, si se le puede denominar así producto de su importe filosófico simbólico, no estará relacionado con la primera forma de interpretación de “dar sombra”, pues claramente Diógenes, por lo menos en términos intelectuales, no es legatario de Alejandro, lo cual no sería dificultoso suponer como opinión de aquellos quienes creen que quien tiene el poder político y militar, tiene importancia a nivel intelectual y por tanto sobre la inteligencia de los demás, pero este no ha de ser tema central aquí, y perfectamente lo puede ser de otro escrito o reflexión posterior. Tampoco podríamos considerar a Diógenes como legatario de Alejandro en cuanto aspectos sociales o políticos, pues Diógenes era un acérrimo oponente al régimen social, ético y político de Grecia, además de un crítico despiadado contra estos y todos aquellos aspectos que no pareciesen de su agrado y parecer; rompe con lo “consensuadamente aceptable” establecido en la antigua Grecia y pone su parecer por sobre estas cosas “en su actuar”, pues la forma de oponerse intelectual y filosóficamente a todos estos hechos era llevada a cabo por este filósofo en acto y no solo de palabra o pensamiento, por tanto no podríamos aplicar a este el aforisma del “cura Gatica”. Tampoco podríamos tomar a Diógenes como un heredero en términos sociales del régimen establecido por Alejandro al unificar gran parte de la Grecia antigua junto a otros territorios para llamarlos Imperio, así como siempre siendo imperio y por tanto diferenciándose de otros imperios y territorios totalmente distintos, pues Diógenes en la actitud cínica no se consideraba ciudadano de Grecia o de algún territorio en particular, sino que era un “ciudadano del mundo”, por lo cual muchos han llegado a considerarlo el verdadero inventor de la idea de “Cosmopolitismo”, concepto muy en boga en la actualidad y que se refiere al hombre considerado primeramente como ser humano y luego como determinado por cualquier división social, cultural y política; un “ciudadano del mundo”.
Tenemos que es en la segunda posibilidad de interpretación donde reside la importancia y significación simbólica, poética y Filosófica del actuar de Diógenes; la presencia de Alejandro, opacando a Diógenes, o mas bien “tapándole el sol o acceso a la luz”, donde este muro que se posa en frente de el, en un soberbio acto de presencia, lo que sin duda no se deduce de la serie interminable de variaciones en la narración de este acontecimiento que se han hecho a lo largo de la Historia (una de las cuales y las más conocida es de Diógenes Laercio), tapa el sol a Diógenes en un intento por agradarle, y como lo hizo la serpiente en el desierto con el mítico personaje Jesús, lo tienta con un ofrecimiento abierto y sin restricciones, al cual Diógenes encantado acepta y al que en un principio parece caer, pero que solo usará en beneficio de su pensamiento e ideales; usa el arma de su adversario en contra de este mismo para derribarlo, logrando dejar en claro su postura. Es así como la presencia de Alejandro en este hecho no logra eclipsar para nada la figura de Diógenes, y es más, podríamos decir que hasta la realza, sirviendo con su ofrecimiento a los propósitos del filósofo, logrando dejar en claro de forma implícita – con su diálogo y puesta en escena- su propio e inigualable sistema (teniendo en cuenta siempre que no izo escuela) de pensamiento.
Sin duda que marca un precedente su existencia, además teniendo en cuenta que cuando el nació, el mismo año murió Aristóteles, marcando un claro límite entre las antiguas escuelas y formas de pensamiento existentes en Grecia, de las cuales la academia (Platón) y el liceo (Aristóteles) fueron las más reconocidas, y que hasta el día de hoy surten sus influencias en el pensamiento occidental; él y su actuar tratan de romper con el pensamiento y filosofía existentes hasta aquel entonces en la antigua Grecia y que se emparentaban mas con el uso irrestricto y sobre valoración de la razón, la aplicación de la moral y las convenciones sociales, la concepción de una verdad eterna e inamovible, etc., de las cuales claramente Alejandro era un obvio legatario y que contenía en si todos estos imperativos. Tenemos entonces que en este hecho histórico son confrontadas y puestas a prueba dos posturas total y absolutamente contrarias y antagónicas: el cinismo, heredero y consecuencia del dominio de la concepción greco occidental y racional, encarnada por Alejandro y todo aquello que nos evoca su presencia, versus el quinismo, la imagen del perro vagabundo, paria deslenguado, burlesco e histriónicamente irónico de la razón encarnada en un cuerpo repleto de imperfecciones y necesidades; una obscena presencia ineludible, donde finalmente el primero cae rendido ante el segundo, embobado en admiración, pues dicen las malas lenguas, y entre ellas la del único mentiroso a quien tenemos para creer (Diógenes Laercio), que después de esta respuesta por parte de Diógenes, Alejandro Habría dicho : “Si no Hubiese Sido Alejandro Magno, me hubiese gustado ser Diógenes…”

Y sin embargo, lo que podemos apreciar en la vida cotidiana de la actualidad, es que la primera postura pareciese tener un importe o puesto jerárquico por sobre la segunda, y es así como claramente en nuestra cotidianeidad damos mayor relevancia y centramos nuestro interés en aquellos aspectos bellos, “estéticos”, racionales y equilibrados de la vida, en desmedro de los aspectos representados por la segunda postura: lo antiestético, burdo, feo, grotesco y “desequilibrado”, los cuales quedan relegados a un segundo plano, casi escondidos, muchas veces disimulados o simple y lisa y llanamente ocultos tras los primeros, otras veces son “hechos desaparecer” por las manos del artífice a quien está en tal o cual momento encomendada la tarea de representarlos. Un ejemplo claro de esto último es la seudo construcción estética de la TV, donde los creadores seleccionan las “mejores materias primas”, transformándolas en un producto de preferencia estética para la masa; algo “al gusto del consumidor” que se cree limpio, pulcro y libre de toda manifestación antiestética, burda o desequilibrada, pero la verdad no es así, pues el análisis de este hecho histórico nos ha permitido descubrir que esto, y en general, toda construcción y manifestación artístico, estética, filosófica ,o en general, del pensar esconde en un segundo plano algo de quínico, donde la belleza y perfección de la racionalidad y en general de la concepción de belleza y la “medida de perfección” que se propago desde la antigua cultura greco-latina hasta nuestros días es solo un velo que esconde tras de si lo que la manifestación verdaderamente es, con todos sus “defectos y virtudes” ,por decirlo de alguna manera, con todos aquellos aspectos que lo hacen y determina como una creación humana (plagada de imperfecciones, necesidades, obscenidades, aspectos burdos y grotescos, etc) sin por ellos dejar de ser a la vez “bellas” o estéticamente admirables para la masa. El pero esta solamente en que por ciertas circunstancias de la historia y la evolución humana se prefirió poner la primera postura (cínica) por sobre la segunda (quinica), seguramente con aspiraciones y el convencimiento de que esta postura – la cínica- sería más útil para el desarrollo y consiguiente evolución y propagación de la mentalidad y racionalidad occidental, nunca olvidando que como cultura occidental somos legatarios y continuadores de muchos de los ideales Griegos, de ahí el hecho de que a Diógenes se le denominara como“el perro” , por su comportamiento “aperrado” o arisco a toda convención o patrón socio-cultural , y la escuela a la que pertenecía con el nombre de kynikos, que es la forma adjetiva de kyon( perro). Podríamos afirmar tentativamente entonces que lo “quínico” o “aperrado”- por tanto antiestético- fue rechazado por ser más cercano al comportamiento animal e instintivo, lo que claramente iba en contra de los ideales y cánones de perfección que se desarrollaron y cultivaron en la antigua Grecia, conjuntamente con sus anhelos de “evolución” de la humanidad, tratándose así de enterrar y olvidar un remoto pasado animal.


Tenemos entonces que lo antiestético no ha desaparecido, y es imposible que así acontezca, solo queda oculto tras un velo, a la espera de su turno, escondido en la cotidianeidad tras lo “vulgarmente bello” y cínicamente perfecto (vulgar = común y preferible por la masa), y es así como se determinó la jerarquía y preferencia de la primera postura por sobre la segunda, por eso Alejandro profirió algo que puede ser considerado como una máxima: “ si no hubiese sido Alejandro Magno, me hubiese gustado ser Diógenes…”


(1) Según Diógenes Laercio, esta habría sido la frase que el oráculo de Delfos habría proferido al padre de Diógenes de Sínope cuando este lo consultó. Como todas las profecías del Oráculo, esta era bastante enigmática y tenía a lo menos tres interpretaciones: falsificar la moneda, modificar las leyes o transmutar los valores.

1 comentario:

Unknown dijo...

Aritoteles si aceptó a alejandro, será una ironía contra eso (cartucho aristurtle)jaja?
maldito alejandro q se hace el simpatico ante diógenes y no cacha q no hace mas q taparle el solcito jajajaj manda a la chucha el poder politico de ese wn, se nota q se pasa por el culo las normas politicas y morales imperantes en la época, todo por la libertad.

me dolio el tumor de la oreja
chaito