sábado, 19 de abril de 2008

Indefectiblemente Morena


Ayer gritaban las voces noticiosas que en la catedral de santiago, un indigente, catalogado por muchos feligreses como “condenado hereje”, por lo menos pecador, perdido, poseído e incinerador, tentado o manipulado por quizás que facineroso demonio, acercose al altar de la tan venerada virgen del carmen y le prendió fuego, dejándola como carbón de espino, como una Noemí Kambell autóctona, como una morena bajo las pálidas luces de un sacro escenario cualquiera.
Tema no menor el hecho de que en horas posteriores, y hasta el día de hoy, el incidente siga “siendo noticia” (acción que en la actualidad deja mucho que pensar), hasta el punto de que se le de cobertura, como si fuese una mismísima persona la que se haya quemado a lo bonzo dentro de la catedral.
El tema es que el chiste me dio que pensar sobre la virgen, y no términos cristianos ni mucho menos, sino en la presencia virginal en las sociedades de la actualidad; como el arquetipo madre es necesario en el culto religioso social y como los chilenos vieron quemada a su madre arquetípica dentro de sus propios dominios. Fuerte el tema para las devotas y veteranas, que entrevistadas por las cámaras, hicieron gala de su indignación, llantos y sorpresa al ver la pulcra tez Láctea de su “mamita del carmen” convertida en sórdido cuchuflí del congo, impávida aún sobre sus celestiales y dorados aposentos.
El que me refiera con estas palabras no dice nada sobre mis reparos en contra de la iglesia católica, sino solamente como mero recurso literario las uso para hacer evidente mi aprehensión sobre el tan bullado tema en los medios de comunicación. Mi sorpresa y reparos sin duda van por el valor histórico de una imagen traída desde Francia que data de S. XIX y que fue arruinada por un mendigo a causa de quizás que delirio paranoide, aunque no subestimemos mucho los deseos de un ser que ha decidido vivir la vida sin la preocupación del mañana, alo mejor calló en cuentas que ya necesitaba un poco de estabilidad, el estrés de pensar en el mañana lo agobió y decidió que era tiempo de pasar una temporada de tranquilidad y relajo en las estupendas cárceles estatales, con casa, comida y por que no decirlo: poto. No es que sea un mal pensado, pero el delirio de la posesión demoníaca ya está un poco bullado por la estirpe católica de este lado del pacifico, primero un enfermo mental degüella a un sacerdote en plena misa y ahora otro enajenado le da por quemar a lo bonzo a la mama de católicos y cristianos en la misma catedral, es mucho, así que o pienso que los chilenos indefectiblemente quemamos arquetípicamente a nuestras madres por quizás que represiones, odios o inclemencias (y con ello invierto de plano le teoría Freudiana), o simplemente estamos cada vez más enfermos síquicamente para atribuir dignidad y tal cobertura de prensa a una estatua que por pasar de blanca a negra arrancó lágrimas, sollozos, lamentos e imprecaciones a un grupo no menor de personas, siendo que las vejaciones y violaciones a la humanidad que en estos precisos momentos tienen lugar en el Tibet no provocan ni las más insospechadas sinapsis en muchos de los mismos chilenos que ven estas en la TV, ni menos en nuestra presidenta, a la que se le olvidan los derechos humanos a cambio de unas cuantas baratijas made in china fabricadas por seres humanos sin vida, pero que no escatimó lamentaciones a la hora de unirse a esta masacre nacional. Cuento aparte es que la imagen reemplazada estará por una gran foto de la misma para que los fieles mantengan a sus culpas tranquilas con el rezo diario, después de todo: “a rey muerto… rey puesto”…DA.

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