martes, 1 de julio de 2008

Cuentito: maquinando un "haría"



Decidiría leer un cuento corto, de los que vienen en la revista del viernes.
Dormiría unas horas antes de alzar la caminata urbana en noche primaveral de perdición citadina. Tomaría un bajativo corporal vespertino, después de bañarse claro está.
Sentaría su humanidad ulcerada en una de las sillitas “pop-art” del cafecito de la Avenida sin fin, y ahí esperaría hasta que aparecieras tú, con tu inexistente risa, y esos ojos que le sacan el amor del pantalón a cualquiera. Tomarían un par de traguitos, hablarían cosas tontas, suficientemente vagas como para comenzar a reconquistarse, como para que la cosa no se vea tan tosca, como para que no haya tanto frío, y de pasada tomaría sus manos por debajo de la minúscula mesa, para sentir ese calor helado de un amor inexistente, aprovechando de hacer nudos en sus dedos, y trataría de amarar en ellos sus cartas de amor sin remitente conocido, como tarjetas colgantes de un anónimo ramo de flores.
Pasadas unas dos horas, tras conversación innecesaria, caminarían necesariamente hacia la nada, rumbo punto norte, dirección su deseo, buscando algún lugar nocturno, alguna excusa horaria que justifique la inversión del desenfrenado deseo de su querer corpóreo; caminarían sin rumbo en busca de lugar imaginable para pasar unas horas, para conocerse más y entregarse a una de estas blancas noches peliteñidas, donde el amor desaparece y se escurre entre los dedos húmedos de un garabato sin recuerdo.
Bajarían las escalas de una oscura locación, lugar seguro para comenzar la transacción; pasarían discos enteros de húmedos besos y manos en el pantalón. Tocaría la suerte de un humo profuso, suficiente para ocultar la visión, en medio de la orgía electro-narcótica harían de las suyas, tras los muros se arrastrarían, sin perder la ocasión; pobres almas desvalidas, inundadas en ardor. Pasarían minutos en silencio, poniendo oído a la percusión altisonante de un vago carraspeo cantado, de una falsa canción, de una inexistente inspiración.
Huirían piso arriba de las escaleras, escapando de la estancia narcótica de todo aquel oscuro acontecer, luz arriba pagarían unos cigarrillos y saldrían por la puerta trasera de aquella locación. Pobres almas en la oscuridad de un recuerdo sin amor, pobres almas, sin un beso en el corazón.
Llegarían a su departamento, con la intención –creo- de dar por terminada la misión, paso seguido le empujaría a la cama, y manos a la obra en busca de perdón desabrocharía su pantalón. Sumergidos en una alocada persecución, terminarían amarrados sus cuerpos, en la infinidad de un aposento sin iluminación. Piernas abajo recorrería su espinazo, con aliento cálido haría hervir la médula, sacándole de sus casillas, empinando su amor, activando el fragor.
Sacando la billetera, y con ello, poniendo fin a este amor, se despedirían hasta la próxima ocasión, cuando el deseo llame a su puerta, cuando el frío se cuele en su corazón; repentinamente esposa su brazo, diciendo: hagamos un puzzle corto…-esperando-: déjame escribir un verso breve, para recordar esta ocasión…

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Felicitaciones, me encanto lo que escribiste, me imagine cada paisaje que describiste, y eso no lo hace cualquiera.

Que estes bien, addio.-

K. dijo...

creo que lo tuyo son las historias
inventa mas...
pone entre parentesis los poemas para los melosos
basta de lo sentido, mas imaginado.



dijo:"Tengo varios de fucault...pero me faltan algunos"... y luego nos miro con aquella mirada extraña y más tarde pudo ver como te metías aquel libro en la zorra...jajaja