
Trémula la tarde de espera frente a aquella pequeña plaza, donde ambos acostumbraban a encontrarse, asi como por casualidad, asi como por arte y magia del destino, asi como amarrados por un nudo ciego, de esos que hace el destino y que no se suelta ni con el corte mas profundo. Llegada la hora se miraban, uno se sentaba en frente del otro, disimulando el interés, y generalmente sacaba un libro, o cualquier adminículo que distrajera su atención, mientras sentía como su contrincante no le sacaba los ojos de encima, descaradamente, lo miraba de pies a cabeza, como si buscase algo perdido, o como si tratase de encontrar algo en medio de tal personaje, mientras el otro seguía con el libro en sus manos, disimulando el placer casi "nirvánico", prostituto y cochino de sentirse devorado por la mirada de su "indirecto acompañante"...DA.
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